martes, 20 de diciembre de 2011

Los libros de Chávez




“El sur es un concepto mucho más que geográfico, es histórico, antropológico.
 Somos el sur. Y aquí estamos. ” Hugo Chávez

El pasado 2 de diciembre, en Caracas, Venezuela, se llevó a cabo la ceremonia de inauguración de la cumbre de presidentes y jefes de gobierno de la Comunidad de Estados de Latinoamérica y el Caribe (CELAC).


El discurso de apertura estuvo a cargo del presidente Hugo Chávez, en su carácter de anfitrión, quien se dirigió al estrado con unos libros en la mano, asegurando que el presidente Rafael Correa se los quería esconder, pero que él los iba a leer igual. Durante su discurso, fiel a su estilo, la literatura latinoamericana se cruzó con la formación política. En este espacio intentaremos dar cuenta de aquellos libros mencionados por el presidente de Venezuela.
Luego de nombrar a cada uno de los presidentes y presidentas que allí se encontraban, Chávez recordó a Néstor Kirchner como "uno de los grandes campeones de la integración del Sur", y enfatizó: "Honor a Néstor, a San Martín, a Perón”. Las delegaciones se pusieron de pie y durante más de un minuto aplaudieron la mención a Kirchner, mientras las pantallas gigantes enfocaban a la presidenta Cristina Fernández visiblemente emocionada.
"Viste Cristina, viste que no se fue ni se irá, ves como sigue en nuestros pechos, en nuestros corazones, ese gran amigo que fue Néstor".
Un gigante sin dudas, como tantos que ha dado nuestro continente. Esos gigantes y gigantas de nuestra tierra los cuáles, sostiene Chávez, no están atrás nuestro, van adelante, retándonos.
Uno de esos gigantes fue Simón Bolívar. En una de las últimas cartas que escribió poco antes de morir, dirigida a Rafael Urdaneta, explica por qué se niega a volver pese a la insistencia de muchos que le pedían retomar el poder y salvar la Patria: “Si no hubiera más que un sacrificio que hacer, y que éste fuera el de mi vida, o el de mi felicidad, o el de mi honor, créame usted que no titubeara. Pero estoy convencido que este sacrificio sería inútil porque nada puede un pobre hombre contra un mundo entero. Y porque soy incapaz de hacer la felicidad de mi país, me deniego a mandarlo.  Hay más aun, los tiranos de mi país me lo han quitado, y yo estoy proscrito. Así, yo no tengo patria a quien hacer el sacrificio. ”  (Cartagena, 25 de septiembre de 1830)
Así terminaron aquellos gigantes. Bolívar, San Martín, O’ Higgins y Artigas murieron sin Patria y lejos de ella. Diferente a lo que sucede con los llamados “enanos”, según el poeta chileno Mahfúd Massís en su poema dedicado a Bolívar:
“Enanos de largas trenzas
se adueñaron de nuestros países
y los picaron en pedazos.”

Para que esto no suceda nuevamente es imprescindible la unidad de los países latinoamericanos. Pero dicha unidad no nos caerá “por designios divinos, hay que trabajarla”. Hace falta mucha voluntad para consolidar la unión. Y sobre todo mucho conocimiento. Conocer al país hermano y juntos trabajar sin dejar de lado nuestras diferencias, tan necesarias en la discusión política, pero llevando adelante medidas económicas y sociales conjuntas. Tal es el Objetivo Supremo que la CELAC comienza a perfilar. Si no nos conocemos nunca vamos a saber la fuerza que puede desatarse uniendo esos potenciales. 

Conocernos implica saber, por ejemplo, los planes ferroviarios que Brasil, Argentina y Uruguay están desarrollando. Y Chávez sueña con un ferrocarril que una Caracas con Buenos Aires, y Bogotá con Centroamérica. Sueña, y la locura patria lo invade como a Santos Luzardo en la novela Doña Bárbara de Rómulo Gallegos. Allá en Las Sabanas, ve una polvareda... era el viento, pero él delira y grita: “el ferrocarril, ahí viene el ferrocarril”. Esta novela, publicada en agosto de 1929, es un detallado análisis de la sociedad llanera venezolana. Santos Luzardo es el personaje que encarna el progreso, Doña Bárbara el atraso, impuesto por el determinismo del medio geográfico.

“¡O somos una Patria, o no seremos Patria! ¡O hacemos la única, Patria Grande, o no habrá Patria para nadie en estas Tierras! ¡Entendámoslo definitivamente!” concluyó el presidente Hugo Chávez.

El último de los libros elegidos fue Cien años de soledad de Gabriel García Márquez:“Sin embargo, antes de llegar el verso final, ya había comprendido que no saldría jamás de ese cuarto, pues estaba previsto que la Ciudad de los Espejos, o los espejismos, sería arrasada por el viento, y desterrada de la memoria de los hombres, en el instante en que Aureliano Babilonia acabara de descifrar los pergaminos, y que todo lo escrito en ellos era irrepetible, desde siempre y para siempre, porque las estirpes condenadas a cien años de soledad, no tenían una segunda oportunidad sobre la Tierra.” 

América Latina fue quizás condenada a cien años de soledad, y a cien más, pero estamos ante la presencia de un momento histórico. Es ahora que tenemos una segunda oportunidad sobre esta Tierra. ¡Aprovechemos esta segunda oportunidad, y hagamos la Patria de nuestros hijos! ¡Hagamos la Patria Una y Grande!
Conocer la Patria Grande es también conocer a los hombres y mujeres que escribieron sobre ella, dando cuenta de nuestras virtudes y miserias. Leerlos y leernos es conservar la memoria, unir nuestros potenciales y evitar repetir los viejos errores. Los invitamos a acercarse a la Biblioteca popular Patria Grande para seguir descubriendo cada día un poco más de nosotros mismos.



Cien años de soledad
Gabriel García Márquez 
Buenos Aires, Sudamericana, 1998.

Se encuentra disponible en la Biblioteca popular Patria Grande
Combate de los Pozos 1387. Ciudad autónoma de Buenos Aires




El discurso completo puede verse en la página oficial de Telesur  www.telesurtv.net